ECOCE impulsa la economía circular
Las tiendas de abarrotes son mucho más que lugares donde millones de mexicanos realizan sus compras diarias. Son espacios de confianza, puntos de encuentro y una pieza importante de la economía de las comunidades.
En México, más de 1.2 millones de pequeños comercios dinamizan la economía nacional, generan alrededor de 2 millones de autoempleos y atienden 52% de la demanda del país, lo que los convierte en uno de los canales con mayor impacto económico y social.
Por su cercanía con las personas, estos negocios también tienen la oportunidad de promover hábitos que contribuyan al cuidado del medio ambiente. Bajo esta perspectiva, ECOCE participó en Expo Trastienda 2026, encuentro organizado por la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC), que reúne a propietarios de tiendas de abarrotes, distribuidores, proveedores y especialistas para impulsar la capacitación y profesionalización del pequeño comercio.
Durante el evento, la asociación instaló un stand interactivo y ofreció pláticas educativas para comerciantes, emprendedores y asistentes, con el objetivo de acercar información sencilla y herramientas útiles para identificar, separar y aprovechar correctamente los envases y empaques después de su consumo.
“La economía circular comienza con acciones sencillas que todos podemos realizar. Las tiendas de abarrotes conviven todos los días con millones de personas y, por ello, tienen una oportunidad única para inspirar hábitos que favorezcan una mejor separación de residuos y un mayor aprovechamiento de los materiales reciclables. Expo Trastienda nos permitió acercar ese conocimiento a quienes, desde su comunidad, pueden convertirse en agentes de cambio”, señaló Carla Gamboa, directora de Comunicación de ECOCE.
Uno de los atractivos del espacio de ECOCE fueron las dinámicas y juegos didácticos diseñados para que los participantes aprendieran a reconocer los diferentes tipos de empaques plásticos flexibles a partir de productos que forman parte de sus compras cotidianas, como frituras, galletas, pan, arroz, frijoles y café.
De manera práctica, los asistentes descubrieron que materiales como PP (polipropileno), POLI (polietileno de alta y baja densidad) y MULTI (multicapa) tienen características que permiten diferenciarlos. Los empaques de PP, por ejemplo, suelen identificarse con el número 5 dentro del triángulo RIC, son más tensos y producen un sonido crujiente al arrugarlos.
Los de POLI, identificados con los números 2 o 4, tienen una textura más suave y se estiran antes de romperse. En tanto, los MULTI, que llevan el número 7, están conformados por diferentes capas que, en algunos casos, pueden observarse a simple vista.
Así, mediante acciones tan sencillas como observar, tocar, estirar o escuchar, los participantes aprendieron a reconocer los materiales y a identificar la categoría a la que pertenecen. La dinámica buscó que este conocimiento pudiera trasladarse fácilmente de la experiencia en el evento a las decisiones que se toman todos los días en la tienda y en el hogar.
La experiencia permitió reforzar un mensaje fundamental: el aprovechamiento de los materiales comienza desde el momento en que termina su uso. Una separación adecuada facilita su recuperación y posterior transformación, haciendo posible que envases y empaques puedan reincorporarse a nuevos procesos productivos.
La participación de ECOCE también puso de manifiesto el papel que pueden desempeñar los pequeños comercios en la construcción de una cultura ambiental. Por su contacto cotidiano con los consumidores, las tienditas tienen la posibilidad de llevar información y buenas prácticas más allá de sus establecimientos y compartirlas con las familias y comunidades que atienden.
En este sentido, la colaboración entre industria, comercio y sociedad resulta fundamental para avanzar hacia una gestión más responsable de los residuos y generar mayor conocimiento sobre las alternativas que existen para aprovechar los materiales después de su consumo.
Más que formar parte de una exposición, ECOCE aprovechó Expo Trastienda como un espacio para acercar la educación ambiental de una manera sencilla, práctica y cercana a la vida cotidiana. Porque cuando un tendero aprende a identificar un empaque, puede compartir ese conocimiento con un cliente; cuando un cliente aprende a separarlo, puede llevar esa práctica a su hogar.
Y en un país donde los pequeños comercios atienden más de la mitad de la demanda nacional, una buena práctica que comienza detrás de un mostrador puede llegar a una familia, una colonia y una comunidad entera. Los grandes cambios también empiezan con pequeñas decisiones que, cuando se comparten, pueden multiplicarse.


